Elara sintió el vacío de la ausencia de Kael. No había necesidad de preguntarse; la explosión fue un grito de despedida que resonó en su propia sangre.
Pero el dolor debía esperar. La furia se convirtió en combustible. Kael había comprado el tiempo con su vida, y Elara no lo desperdiciaría.
Emergió del sendero de la Montaña del Olvido hacia el Corazón de Aethel. El lugar no era un templo ni una fortaleza. Era un anfiteatro natural rodeado por una cúpula de luz blanca, intacta, que se alzaba sob