Alana se levantó para la defensa, vestida con su habitual traje inmaculado, irradiando un poder tranquilo. Su argumento no fue legalista, sino profundamente ético. "Su Señoría, la fruta del árbol envenenado no aplica cuando el árbol mismo es una amenaza existencial para la humanidad. VACCUS no es una corporación inocente; es una organización criminal que, en el momento de la intrusión, estaba cometiendo un crimen en curso: la conspiración para inflar precios que resultaba en la muerte evitable de niños en naciones pobres. Nuestro deber, no solo legal sino moral, era detener ese crimen."
El drama alcanzó su punto álgido cuando Alana citó precedentes de intervención para prevenir el terrorismo, comparando la traición de VACCUS con una forma de terrorismo económico de salud. Hizo hincapié en que la acción de Vega no fue por venganza personal, sino por desamor a la crueldad que la Fundación buscaba detener.
El juez, un hombre de edad y reputación intachable, se tomó un largo receso. La de