Sentir aquel peso conocido sobre su cuerpo hizo que la respiración de Estefanía se acelerara.
Cristian no la estaba aplastando, aunque podría haberlo hecho fácilmente. En lugar de eso, se aseguraba de ser cuidadoso, recargando su peso en sus antebrazos. Inclinado lo suficiente para pegarse a ella e inundar sus sentidos con el calor que desprendía.
Deslizó una mano por su costado, rozando su piel con la devoción y la tiranía de quien se sabe dueño absoluto de su cuerpo, mientras sus labios volví