—¿Ya me dirás a dónde vamos? —preguntó Javier desde el asiento del copiloto.
Estefanía lo obligó a despertarse más temprano de lo habitual esa mañana, porque quería llevarlo a visitar la casa de sus padres. Aunque claro, Javier todavía no lo sabía.
—¿No reconoces nada?
Ella lo miró esperanzada, esperando que detectara las señales.
Pero la expresión de Javier no varió; observó su reloj y dijo con algo de fastidio:
—Hoy tenía una clase muy importante a primera hora. ¿Estás segura de que