—Te aseguro que él no la quiere, Gonzalo. Se divorciará pronto de esa chica.
—No me importa si se divorcia o no —bramó—. El punto es que se atrevió a desafiarme y sabes muy bien que yo no tolero ese tipo de cosas, Eleonor.
—Gonzalo… —insistió ella.
—¡Cállate!
Una mano de palma abierta se estampó en el rostro de la mujer.
El llanto agonizante de Eleonor provocó una profunda jaqueca en el hombre.
Ella estaba tontamente tratando de calmarlo, justo como lo hacía siempre que aquel mocoso malcriado m