Cristian habló de meter a Javier en un reformatorio por un tiempo.
Sus palabras exactas fueron:
—Míralo como un retiro espiritual —una sonrisa espantosamente cruel estiró sus finos labios.
Obviamente, Javier pegó el grito en el cielo. Acababa de salir del orfanato; no concebía la idea de entrar en otro encierro.
—¡Estefi, por favor! —suplicó el muchacho, mirándola como si ella fuera su única salvación. Lo que no sabía él era que ella no tenía tanto poder—. No dejes que me haga esto. Fue solo un