Mundo ficciónIniciar sesiónLayla golpeó con fuerza el saco de arena hasta que le dolieron los nudillos y las piernas.
-Bueno, creo que es suficiente, el saco de arena ya está muerto o ha sufrido el daño necesario para ir camino al hospital- la detuvo Giovanni con su encantadora sonrisa parándose a un lado del saco deteniéndolo con una mano haciendo que dejara de mecerse de un lado a otro -Layla, tiene suerte de que Diana no está aquí hoy o te pondría a trabajar para aprovechar toda esa energía y fuerza- le señaló







