El auto en que viajaban Sofi y Andy entró en los terrenos de la mansión Sarkov, silenciosa e inalterable pese al paso del tiempo. Sus abuelos los habían invitado a pasar el día con ellos al enterarse de lo que estaba ocurriendo. Un día de relajo lejos de la ciudad les vendría de maravillas.
Tomken los recibió en la sala.
—Mi hermosa niña, ¿cómo es que esto pudo pasar?
—Soy muy blanda, abuelo, dejo vivir a mis enemigos.
—Cariño, tu abuelo se encargará de todo. Esa persona lamentará mucho haber