—Amo, a las nueve treinta tiene usted programado un juego de golf. Le prepararé el desayuno rápido para que llegue a tiempo.
Vlad seguía en la cama luego del ataque nocturno que había sufrido por parte de su sirvienta delincuente, cuyo prontuario no dejaba de crecer. Y se volvía cada vez más oscuro.
—Cancélalo, no estoy de humor.
Ella se lo quedó mirando con esa expresión de pobreza sináptica que tenía a veces.
Vlad le tendió su teléfono.
—Llámalo y cancélalo. Dile que no estoy de humor.
El