El silencio en casa de los Sarkovs se rompió cuando Benja llegó de la escuela acompañado de unos amigos. Lo primero que hizo fue ir a saludar a Sofi, que guardaba reposo luego de su accidente.
—¿Cómo estás, Sofi?
—Un poco más muerta cada día... Comer helado me haría sentir mejor.
—Bien, yo te traeré.
—Con galletas y salsa de chocolate.
—Así será.
—Y fresas picadas.
Benja le guiñó un ojo. Qué buen hermano era. Pronto llegó con un tazón enorme, con mucho chocolate y hasta crema, ese niño tenía