– Yo también te amo, mi amor. –Le respondió Egan, inclinándose en su asiento y dejándole un beso en su mejilla.
Era la primera vez que Katya lo veía sonreír tanto que dos hoyuelos en sus mejillas se marcaron. Si existiese un nivel más alto que "feliz", Egan lo estaba experimentando en ese preciso momento.
Olena sacudió sus manos de la emoción.
– Oh, basta de afectos en público –dijo divertida–. ¿Cuándo se casarán?
Si supieses madre, pensó Katya.
– Diciembre es una fecha linda –dijo Egan, termin