Egan estiró su mano, deslizándola por la mejilla de Katya, sintiendo su piel fría ante su contacto.
– Tranquila, Katya. Ella está bien; no le diría jamás nada que la comprometa. Solo la traje porque sé que llevas mucho tiempo sin verla. Y, no lo sé…, solo creí que te haría feliz.
Aquello derribó las barreras de Katya. Ella no podía enojarse con Egan solo cuando él había hecho algo con la simple convicción de que la haría feliz. No, no podía enojarse con Egan ni siquiera porque, en realidad era