Katya asintió, finalmente permitiéndose tener un momento de calma. – ¿Y Danilo?
– ¿Qué pasa con él? –Preguntó Egan. Katya bufó.
– Egan, si fueras tú, estarías echando abajo todo el edificio.
Egan rio suavemente, porque era cierto: por Katya, él removería hasta el cielo buscándola.
– Danilo no soy yo, amor mío –dijo Egan, a Katya se le aceleraba el corazón cada vez que él decía uno de esos apodos. Parecía estar decidiendo cuál le gustaba más–. Ellos no se aman… amaban, en realidad. Solo tenían a