– Sí, gracias –la voz de Egan sonó distante hasta para él mismo. Tras cortar la llamada, Egan miró hacia el balcón de su habitación. En medio de la oscuridad de la noche, sentada en el suelo con su vestido arrugado alrededor de ella. Katya tenía la mirada perdida en los demás edificios frente a ella, pero realmente parecía que veía nada. Su cabello caía sobre sus hombros y de vez en cuando temblaba por el frío–. Argus, encárgate del resto, por favor.
El mencionado asintió, Egan lo miró con tran