– Sin duda, el rojo te sienta –comentó Carlo mientras giraba alrededor de Katya. Y tenía razón: ella nunca se había atrevido a utilizar algo tan llamattivo. Pero el color rojo le estaba favoreciendo hoy más que nunca. Llevaba puesto un ligero vestido rojo de tirantes, con un escote en v que le llegaba hasta la mitad del pecho y la espalda descubierta. El vestido llegaba hasta sus talones, los cuales estaban decorados con unos lindos tacones que brillaban como el oro. Carlo completó todo el port