Cuando Egan y Katya bajaron por las escaleras hacia el segundo piso de la casa, ella estaba tan nerviosa que continuamente acomodaba su vestido.
Egan había escogido su clásico esmoquin negro y verde, aunque Katya hubiese deseado que se pusiera su traje rojo, pero al parecer, ella tenía entendido, aquel era el color que distinguía la mafia de los Carusos. Katya, por su lado, se había puesto un vestido verde militar, unos tacones no tan altos y se había hecho un simple moño.
Ella jamás había esta