Katya se había quedado dormida casi que al instante. Ella estaba agotada, sin mucha resistencia, pero Egan no podía ni siquiera pegar un ojo viéndola dormir. Él la amaba con locura; en apenas unas semanas que llevaban juntos, Egan ya sentía que había encontrado a la mujer que había sido creada con el propósito de estar con él.
Él nunca, jamás, en su vida había creído en el mito de las almas gemelas. Pero debía admitir que, existiesen o no, Katya era lo más parecido al amor que nunca había exper