El infierno congelado
– Katya, quiero explicártelo…

Pero, sin darle tiempo de nada, Katya vio una puerta con el símbolo de una mujer y entró. Era un baño para visitas, ella lo suponía, y cuando entró allí trancó la puerta con seguro. Un momento después, la manilla sonó forzada y la puerta se sacudía. Egan estaba empezando a desesperarse.

– ¿Te importa? –Gritó Katya–. ¡Está ocupado! ¡Y, además, es el baño de damas!

Katya le preocupó que Egan golperá la puerta hasta que le abriera, pero solo se escuchó un suspiro.

– No
Rebe Siro

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Ángie EscoberGracias me encanta la historia me fascinaron las palabras de Egan para Katya
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