43° En la cueva...
Suspiro cansada y me froto el rostro con frustración: ¿cómo es que puede decir algo así tan a la ligera y no esperar a que enloquezca por dentro? Sobre todo cuando me mira de esa forma. Sus ojos me escanean, como si esperara a que dijera algo y nada sale, ninguna palabra. En éste punto estoy tan en el limbo de mis sentimientos (porque estoy segura de que lo quiero, solo que no estoy segura de la magnitud de ese "querer"), que esas simples palabras hacen que mi mundo se sacuda peor que en un ter