A la mañana siguiente, me levanté temprano y me fui sin siquiera desayunar. La verdad es que no quería cruzarme con mi madre, aún me sentía molesta y frustrada con su insistencia sobre mi vida amorosa, como ésta fuera un auténtico desastre, y no era la primera vez que teníamos esa conversación. Las anteriores tampoco tuvieron un buen desenlace, a decir verdad, su insistencia en que tuviera una relación con alguien, como si yo tuviera más de treinta y no a penas veinte y se me estuviera terminan