Reviso mis anotaciones sobre la orquídea frente a mí y sonrío satisfecha: y pensar que la encontré casi muerta en un vivero de aquí del pueblo y ahora rebosa de vida y del aroma típico de las Vanda Brunnea a deliciosos cítricos.
Dejando mi libreta a un lado, miro mi reloj y me doy cuenta de que casi es medio día, lo que implica que llevo toda la mañana metida en mi invernadero personal y que mi madre se va a molestar. Dice que me importan más las plantas que las personas, ¿y a quién no? Al men