Me seco con mucho cuidado de no rozar la marca en mi cuello y dejo la toalla extendida para que se seque mientras vuelvo a buscar la ropa que me había puesto antes de que Rache apareciera como animal en celo y me la volara del cuerpo en menos de un latido de corazón.
Él sí que le hace honor a su naturaleza, de no ser por el baño de agua caliente que tuvo la gentileza de preparar para mí, estoy segura de que ahora estaría terriblemente incómoda ahí abajo. Menos mal que no ocurre (por su bien) p