Un último empuje es todo lo que necesito para que nuevamente lleguemos al orgasmo y me dejo caer sobre ella, intentando no aplastarla con mi peso, pero sí relajando mis músculos que, hasta el momento, se habían mantenido tensos como cables de acero. En cuanto el clímax nos alcanzó por quién sabe qué número de vez, todo eso se fue al demonio y, como no creo poder evitarlo mucho más, me giro hacia el costado para retirarme de encima de ella.
Jhoana, al igual que yo, jadea intentando recuperar el