95. La visita
Hadriel la miró, y aunque su expresión seguía siendo controlada, sus ojos reflejaban un alivio genuino. Sin decir una palabra, se acercó a Hellen y la envolvió en un abrazo, siendo este uno de esos raros momentos en los que dejaba que sus emociones se mostraran, aunque fuera en silencio.
—Eso es maravilloso, Hellen —dijo en un tono bajo, pero lleno de sinceridad—. Sabía que lo lograría.
Los dos dejaron a los bebés en las cunas y se dieron un fuerte abrazo, en el cada uno pudo sentirse en paz y