42. La confesión
Hellen se acercó la máquina expendedora. Buscó en sus bolsillos para pagar, luego en otro, y así hasta que se tocó y registró por todas partes, pero estaban vacíos. Entonces fue cuando cayó en cuenta que su dinero estaba en su bolso, por lo que no contaba con nada para comprarse el café que tanto deseaba. Inclinó su cuello hacia atrás. ¿Él la estaba viendo? Iba a quedar en vergüenza delante de ese hombre, que por alguna extraña razón la hacía sentir nerviosa, y ni siquiera lo conocía. Siempre h