159. Amor que duele
Hadriel cerró los ojos por un momento, permitiéndose disfrutar de la sensación de tenerla tan cerca, de poder ofrecerle algo de paz en medio del caos que claramente estaba viviendo. No necesitaba que Hellen le dijera lo que estaba pasando; sabía que cuando estuviera lista, lo haría. Hasta entonces, todo lo que podía hacer era sostenerla, ser su apoyo incondicional, y esperar que eso fuera suficiente para aliviar el peso que ella llevaba.
El silencio en la oficina era pesado, pero no incómodo. E