142. El repartidor
Hellen permaneció en silencio mientras Hadriel regañaba a los niños, su mirada fija en el suelo. Aunque su corazón se retorcía con cada palabra de reprimenda dirigida a sus pequeños, sabía que Hadriel tenía razón. Lo que habían hecho era peligroso, y las consecuencias podrían haber sido trágicas. El susto aún pesaba en su pecho, y cada vez que recordaba la imagen del coche acercándose a toda velocidad hacia ellos, una nueva oleada de temor la invadía.
Sentía una mezcla de emociones que la dejab