101. Los abrumados
En otro momento, Hadriel abrió la puerta del cuarto con prisa, buscando su tableta tecnológica para revisar algunos informes urgentes. Sin embargo, al entrar, lo que encontró lo dejó inmóvil, como si el tiempo se hubiese detenido de repente. Allí estaba Hellen, de pie, recién salida de la ducha, con solo su ropa interior cubriendo su cuerpo. Su piel aún húmeda brillaba bajo la suave luz del cuarto, y su cabello castaño, algo húmedo, caía en suaves ondas sobre sus hombros.
Por un instante, Hadri