- Habla. - Miré a la chica. - ¿Cómo iba a saber que se llamaba Siena?
Se rió y señaló una pared. No me había fijado, pero su nombre estaba pintado, de muchas formas diferentes, con colores vibrantes y flores. A su lado había un bebé, al que reconocí por sus ojitos. Y la mujer, con su creciente barriga, seguramente su madre.
Podría decir mil cosas, pero el arte de la pared era tan increíble que me quedé sin palabras. Cómo deseaba poder tocar cada pincelada y tener algún día todo lo que él dio a