- Gato.
- ¿Gato? - Arrugué la frente.
- Gato. - Ella sonrió, como si yo supiera lo que significaba.
- ¿Quién es usted?
- Siena.
Sí, claro. Claro que era Siena e incluso me lo había dicho antes. Me encantaban los niños, sobre todo porque uno de ellos me devolvió la vida: mi sobrino Arthur, el hijo de Alexia y Andy. Pasaba mucho tiempo con los hijos de Alexia y no los echaba tanto de menos a ella y a su marido.
- Vamos. - Me cogió de la mano con entusiasmo y me llevó por una estrecha escalera.
Mi