Enrico había estado esperando desde las cinco de la mañana a que Alessia llegara. Podía intuir dónde había pasado la noche y consideraba aquello un completo absurdo. Tomó el retrato de Francesca que estaba sobre la mesa y lloró desolado al recordar a la mujer.
—Las cosas están difíciles sin ti —dijo, limpiándose la lágrima de inmediato.
Apenas habían pasado unos días desde que ella se había ido, y él aún esperaba despertarse por las mañanas y verla preparando su café. Francesca soportó a Enrico