Antonela soltó un suspiro dramático y lo miró de reojo sin creer que aquello estuviera sucediendo.
Dejó ver su expresión confusa, al quedarse en silencio, balanceando la cabeza mientras pensaba mucho sobre lo que él había dicho. El silencio era tan intenso que se podían oír a los médicos hablando entre sí. Alguien había abierto una puerta en la sala de al lado, y el chirrido llenó el vacío. Pasos que iban y venían constantemente; la vergüenza se ensanchaba cada vez más entre ellos.
—¿Y tengo el