Mientras nos acercábamos a la empresa Chrysler en la camioneta junto a Raúl, sentía un nudo en el estómago que no parecía desaparecer. Mi pie no dejaba de moverse nerviosamente, aunque trataba de disimularlo manteniendo una apariencia tranquila. No entendía del todo por qué Raúl me había pedido específicamente que lo acompañara, pero sabía que como su asistente, tenía que obedecer las órdenes del jefe.
Después de unos minutos de viaje, finalmente llegamos a nuestro destino. Bajamos de la camion