Harry Chrysler
Después de hacer el amor, Alicia se acomodó entre mis brazos, y no pude apartar la mirada de ella. Su respiración tranquila llenaba la habitación, y observaba cada detalle de su rostro mientras dormía. El cabello castaño que enmarcaba su rostro, sus ojos cerrados, y esos destellos grises en sus marrones ojos me fascinaban. En ese momento, me pareció que ella era simplemente perfecta.
Ella era mía, solo mía. Sentía en lo más profundo de mi ser que había nacido para ser mi mujer, p