El corazón del guardaespaldas: 35. Un alma vacía
Una hora después, su pecho todavía dolía.
Emilio le propuso que regresaran a roma y desde allí tomaran decisiones prudentes, además, ella tenía un brazo ileso y una costilla lastimada que aún necesitarían asistencia médica durante unas semanas más.
Sin fuerzas para argumentar, aceptó, se limpió las lágrimas y empacó todo lo necesario, lo más personal, el resto su hermano se encargaría de que se lo hiciesen llegar en perfecto estado cuando ya estuviese instalada. De pronto, moviendo las cosas de