8. Bragas de algodón rosado
La besó de forma intensa, insensata y despiadada.
Se hizo de su boca sin reparo alguno y la invadió con hambre voraz; decisión, firmeza.
Dios, no podría detenerse, ni ahora ni nunca. El sabor de su lengua era infinitamente placentero, lo encendía todo por dentro, lo sacudía y avivaba.
Ella si quiera se resistía, lo que le gustó más, pues disfrutaba de él y de su contacto, de su calidez. Lo recibió con total y amplia plenitud, entregada, y aunque al principio se sintió desconcertada por el arreb