La brisa fresca levanta las hebras rojizas, pro pronto son llevadas hacia atrás por manos delicadas y femeninas, mas el intento de controlarlas es en vano porque éstas no se quedan en su lugar.
—Dime, pequeño, ¿por qué huyes? —pregunta la chica con voz dulce mientras le acaricia la peluda cabeza al joven ciervo.
El animal brama en obediencia y hace movimientos desesperados, que le explican a la pelirroja lo que acontece.
—Gracias por hacerme saber, pequeño. Puedo sentir el olor de tu madre cerc