Punto de vista de Gabriela
No me moví, al principio.
Sentía las piernas pegadas al suelo de mármol pulido del vestíbulo; el pulso me latía tan fuerte en los oídos que el mundo parecía bajo el agua.
Javier miró a su padre un rato como si fuera su primer encuentro y luego, sin decir palabra, se marchó.
El ambiente se exhaló en cuanto desapareció; la tensión se derramó en el espacio que dejó atrás.
Juan, de pie a unos pasos de mí, con la gasa aún pegada a la ceja, sonrió con sorna, como si hubiera