Elena estaba en el jardín cuando Adrián salió a buscarla.
La encontró junto a los rosales, con el teléfono apretado en la mano y una expresión que él había aprendido a reconocer, el de la mujer que había tomado una decisión difícil y ahora necesitaba convencerse de que era la correcta.
—¿Has dormido? —preguntó Adrián.
—Lo suficiente —respondió ella, y la coincidencia con su propia respuesta de esa mañana no pasó desapercibida. Dejó escapar una pequeña sonrisa sin darse cuenta.
—¿Ocurre algo? —p