—¿Quieres que conteste? —preguntó Adrián.
Julián miró la pantalla iluminada. El nombre de Isabella parecía ocupar todo el salón.
—No.
—¿Estás seguro?
—En este momento no quiero pensar en ella.
Adrián deslizó el dedo por la pantalla y rechazó la llamada. Después apagó el teléfono y lo dejó boca abajo sobre la mesa.
—Pero tendrás que decidir qué vas a hacer —dijo—. No puedes fingir que no existe.
—Lo sé.
—Y tampoco puedes dejar que vuelva a acercarse a Elena sin saber lo que está haciendo.
Julián