Se escucharon algunos jadeos en el salón antes de que todo quedara en completo silencio.
Sergey sacó lentamente una cajita de terciopelo del bolsillo de su pantalón y la abrió frente a ella.
Lily miró el anillo en su interior, aunque apenas podía distinguirlo a través de las lágrimas que empañaban sus ojos. Solo sabía que el diamante era lo suficientemente grande para no pasar desapercibido, pero sin llegar a ser exagerado. Tenía el tamaño perfecto.
—Moya lyubov' (mi amor) —comenzó Sergey—, ere