Lily observó a su madre marcharse antes de volver a centrar la atención en Sergey. Él abrió los brazos con una sonrisa suave en los labios.
No hizo falta que dijera nada.
Ella se puso de pie y avanzó hacia él cada vez más rápido. Se lanzó a sus brazos y le rodeó el cuello. Tomó una respiración profunda y, en cuanto inhaló su familiar aroma, volvió a sentirse segura.
Podía lidiar sola con toda la basura que estaban diciendo de ella —no se había rendido ni siquiera cuando lo perdió todo—, pero er