A Amelia le sorprendió descubrir que Dimitri todavía estaba allí cuando entró en el comedor al día siguiente. Nunca se quedaba a desayunar con ella. Cuando ella estaba lista, él ya se había marchado.
Intentó no emocionarse demasiado ni darle más importancia de la debida. Ahora que había amanecido, su cuerpo ya no era una cautiva de las hormonas y podía actuar con más compostura.
—Buenos días… ¿Sucede algo? —preguntó Amelia acomodándose en su lugar de siempre—. Es extraño que sigas aquí —añadió