El padre de Amelia observaba a Dimitri con una mirada evaluativa. Amelia los había presentado apenas llegaron, aunque Dimitri ya sabía perfectamente quién era Barret. Lo había investigado días atrás.
—Mi hija no me dijo que tendríamos visitas —comenzó Barret, cruzándose de brazos. Su tono era educado—. Entonces, señor Smirnov… ¿a qué debo el honor?
—Dimitri está bien —respondió con calma, sosteniéndole la mirada sin titubear—. Dadas las circunstancias, creo que es lo más apropiado.
—¿Las circun