El auto de Dimitri los esperaba justo frente al restaurante cuando salieron al exterior.
Dimitri se adelantó y abrió la puerta trasera.
—Te llevaré a casa.
Amelia frunció el ceño.
—No es necesario. Puedo tomar un taxi.
—Estás embarazada —respondió él con calma—. No voy a dejar que te vayas en el auto de un desconocido. Algo podría pasarte.
Amelia soltó una risa incrédula.
—¿Hablas en serio? No sería la primera mujer embarazada que toma un taxi. Y no será la última vez que yo lo haga.
Dimitri l