—¿Qué tal? ¿Todavía tienes ganas de matarme? —preguntó Sergey con una sonrisa en el rostro.
Lily se abstuvo de mirarlo embobada y soltar un suspiro. Era irritante que fuera tan atractivo y que todo el mundo pareciera darse cuenta, como la camarera. La mujer le había lanzado más de una mirada coqueta mientras los atendía. Ni siquiera estaba segura de que se hubiera enterado de que él estaba acompañado, aun cuando ella había estado sentada frente a él todo el tiempo.
Al menos Sergey no le había p