Una sonrisa apareció en el rostro de Sergey al abrir la puerta. Sus ojos se posaron de inmediato en su cuñada.
—¡Pero miren quién está aquí! Mi mujer favorita en el mundo.
Se acercó para abrazarla y, cuando la soltó, giró la cabeza hacia Dimitri.
—Y… tú.
Amelia se echó a reír.
—Sergey —saludó Dimitri con un leve asentimiento—. ¿Dónde está mi hija?
—Siempre tan cariñoso. No te emociones demasiado o tendré que empezar a poner límites. Nada de abrazos largos ni besos en las mejillas. Mi reputación