Cap. 28 El doctor Muerte
Esa mañana Enrietta decidió tomar el desayuno en la terraza y desde allí contemplar sus dominios.

Oswaldo servía diligentemente a la dama, que miraba a los guerreros pelear y entrenarse.

—Es increíble que todo esto iniciara de un linaje —comentó—. Mi linaje.

Se arrimó a la baranda y esta se cayó.

—Señora, tenga cuidado —dijo Oswaldo—, no se ha realizado mantenimiento a esta parte de la casa y los barandales están débiles.

La dama musitó amargada.

—Vaya castigo, todo es débil a mi alrededor —miró
La Pluma

Me late que el final está cerca, pónganse los cinturones que estamos llegando al final.

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