Todos aún estaban asustados, Carlotta no dejaba de llorar, temblando de miedo, miedo que hicieran daño a su hijo. Giovanni al verla así se acercó a ella para abrazarla, pero no funcionó ella seguía temblando como si tuviera hipotermia. Él estaba igual o peor que ella, el bebé no tenía culpa de nada. Los padres de ella estaban asustados, miedo a que se volviera a repetir. Giovanni cogió su teléfono y marcó el número de Anderson.
—Señor...
—Os quiero a todos dentro ya. —exigió colgando.
¿Cómo h