La luz del sol entraba a través de las rendijas de las ventanas del dormitorio, cuyas cortinas ya estaban abiertas. Allí, Alicia se veía arreglada con un vestido sencillo de color rosado.
Parecía la Alicia de antes, una mujer con vida, una agenda apretada y objetivos claros.
Apenas había tomado su bolso cuando Victor apareció por detrás.
—¿A dónde vas? —dijo con voz tranquila y plana.
Alicia se giró. Victor estaba de pie con una camisa negra abotonada pulcramente. Su mirada recorría a Alicia de